Duralex: la vajilla que cuenta la historia de la comida cubana

La sociedad cubana está familiarizada con ciertos productos o artículos que han sido parte de su historia desde hace muchísimos años. Tal es el caso de la emblemática vajilla Duralex, un producto que permanece en las casas y en el recuerdo de casi todos los antillanos.

Para nadie es un secreto que desde hace décadas, estas vajillas son muy usadas en los hogares antillanos, siendo parte de nuestro día a día. Sin embargo, son muy pocas las personas que conocen acerca del origen de esta singular y casi irrompible loza color ámbar, tan propia de Cuba.

Según reportes del diario Verne, la marca Duralex comienza a comercializarse y producirse durante el año 1945, en Francia. Desde sus inicios, la marca ofrecía un producto constituido por platos y también tazas de gran resistencia, debido a que las fabricaban con vidrio templado.

Sin duda, esta propiedad hizo que estos productos se volvieran bastante populares en los hogares, siendo además muy publicitadas en los medios. “Resiste a los golpes y pasa del agua hirviendo a la fría sin riesgo de rotura”, vociferaban en los comerciales.

Respecto a los productos de Duralex, la presidenta de la Fundación Historia del Diseño Isabel Campi, recordó algunas anécdotas con el medio citado. Según Campi, lo más notable de esta vajilla era su asombrosa capacidad de resistir golpes, y que en consecuencia, gozaba de gran perdurabilidad en las casas.

“Es un vidrio mucho más resistente y que, en caso de romperse, lo hace en bolitas, evitando así que te puedas cortar”, comentó la española. Además, manifestó que pese a recordar los momentos especiales de su hogar usando las vajillas Duralex, esta no logra precisar cuándo exactamente surgieron.

Los inicios de Duralex

Antes de que Duralex se popularizara en Cuba, lo hizo en primer lugar en España y otros países de Europa. En el año 1939, la empresa francesa Saint-Gobain descubre el vidrio templado; un producto que usarían posteriormente en la fabricación de lunas de carros.

Sin embargo, tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial se empezó a implementar sobre todo en la fabricación de artículos destinados a familias más pobres. Esto, como consecuencia de las dificultades económicas surgidas a partir del referido conflicto, y que golpearon duramente a la sociedad.

Posteriormente, ya finalizada la guerra, se extendió hacia España la noticia de una extraordinaria vajilla francesa Duralex, destacada por ser casi indestructible. Como resultado, gran cantidad de familias españolas se entusiasmaron con la idea de adquirir el preciado producto que más tarde comerciarían las tiendas Gerplex.

Aunque la vajilla era un producto barato y para la clase obrera, su popularidad se fue incrementando; llevando a sus fabricantes a expandir el negocio. Ya en 1963 los productos Duralex eran producidos en color verde y ámbar, y era conocido en varios países de Latinoamérica.

Por lo tanto, fue con la gran movilización migratoria surgida en España por aquella época que estas vajillas llegaron a tierras cubanas. Según Campi, no había familia ibérica que no llevase su vajilla trasladando de este modo la afinidad por el producto en la Isla.

¿El fin de la moda Duralex?

Tras el éxito de las vajillas Duralex en España, y otros países de América Latina, las familias empezaron a usarlas para casi todo. Por lo tanto, aunque la empresa quiso ofrecer variedad con nuevos colores, las familias simplemente se fueron cansando de los productos.

Según la española, no había lugar u hora en que no se usaran los artículos Duralex, lo que provocó en muchos una sensación de monotonía. Finalmente, la moda acabó y aunque se continúan produciendo y comerciando estas fuertes vajillas, su popularidad ya no es tan fuerte.

Campi también destaca que lo más notable del fenómeno Duralex, es que a pesar del tiempo en algunos lugares aún se conservan ciertos productos. Además, la mayoría de las personas les recuerda con una especie de cariño especial, ya que les lleva a evocar momentos de su infancia o juventud.

También afirma, que al contemplar estos sets de tazas y platos se evoca una época feliz de la sociedad, considerada como parte del progreso. Por lo tanto, no es de extrañar que actualmente estos productos se exhiban en museos.

De hecho, actualmente el Museo de Artes Decorativas de París tiene una exhibición donde figura el primer vaso Duralex.

Ya hacia el año 2008 la empresa productora de las vajillas estuvo a punto de cerrar; sin embargo una fuerte crisis económica volvió a golpear al mundo. Como resultado, las afamadas vajillas volvieron al ruedo y se encuentran nuevamente acompañando las comidas de cubanos, españoles y en muchas otras partes del mundo.

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