Experta cubana revela los perjuicios sociales de poner a los hijos nombres extravagantes

La experta Aura Camacho asegura que madres cubanas deben considerar los efectos sociales que traen los nombres que dan a sus hijos
La experta Aura Camacho asegura que madres cubanas deben considerar los efectos sociales que traen los nombres que dan a sus hijos. (EL GUERRILLERO/ JUVENTUD REBELDE)

En los últimos tiempos ha surgido en Cuba una costumbre de asignar nombres extravagantes e inusuales a los niños cuando nacen, y aunque son diversas las razones por las cuales los padres hacen esto, especialistas señalan que este hábito se ha convertido en un problema social ya que en el afán por crear un nombre que sea “único e irrepetible”, estos son cada vez más impronunciables.

Así lo alertó la investigadora y miembro del Instituto Cubano de Literatura y Lingüística, Aurora Camacho, quien de acuerdo a lo reseñado por el diario oficialista Juventud Rebelde asegura que esta moda podría conducir a serios problemas de comunicación a la larga; por lo que resulta necesario que las autoridades ofrezcan asesorías a los padres en los registros e incluso en los mismos hospitales donde les animen a emplear nombres más tradicionales y acordes a la cultura de la Isla.

Las actuales tendencias de nombres en Cuba pueden llegar a adaptar palabras de idiomas diferentes como “Misel” por “My self”, “Dányer” por “danger”; “Maivi”, por Maybe, entre otros. También se presenta el fenómeno de la fusión de los nombres de los padres para la creación de híbridos como Robelkis, producto de Roberto y Belkis; Ramilet, la unión de Ramiro y Yamilet; entre otros.

Camacho también destacó casos en los que los progenitores optan por hacer la inversión del orden de las letras que componen un nombre, de manera que al voltear el nombre María crean el nombre de Airam; o crean Orazal al virar el nombre de Lázaro.

De igual manera, la experta lamentó el hecho de que en la actualidad cada vez sean menos comunes nombres como Pedro, Pablo, María, Ana, Juan, Ramón, entre otros que tienen un significado en la historia; y que por el contrario se hagan extrañas fusiones complejas de escribir y pronunciar, generando que la persona sea llamada de manera incorrecta por las personas o que algunos de sus documentos oficiales sean emitidos con errores.

Ante este fenómeno, la lingüista señala que existen varios problemas sociales e individuales que se pueden provocar ya que en muchas ocasiones lo ambiguo del nombre asignado representa una dificultad para identificar algo tan esencial como lo es el género de una persona.

Esta moda “perjudica la proyección de la personalidad y contribuye al daño moral en un individuo frecuentemente instado a explicar su nombre y ofrecer toda una disertación de cómo se escribe, de dónde lo sacaron y quién lo inventó”, sentenció Camacho.

Por su parte, la experta señala que resulta una buena idea el intentar rescatar la costumbre de otorgar nombres a las personas de acuerdo al santoral, además de brindar material a los padres ates del nacimiento del bebé que les permita apreciar el abanico de nombres que existen y sus significados; sin embargo reconoce que a fin de cuentas cada persona es libre de escoger los nombres que más le agraden.

 

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