Bicicletas, una añoranza y… La Habana

Tomada de OnCuba Magazine

Montar una bicicleta siempre fue uno de mis pasatiempos favoritos. Nunca tuve mucha afición por jugar a la pelota, rodar trompos o subirme a un árbol. Sin embargo, ese fue uno de mis mayores placeres infantil, y uno de mis regalos más preciados: una BMX verde en plenos años 90. En ella recorrí las calles de mi infancia, pedaleé como loco por toda mi casa y me rompí la cabeza (como mismo pudo haberme pasado jugando a la pelota o trepado en una mata). Lo mejor de mi niñez lo pasé montado en esa BMX, aunque de eso hoy solo quede el recuerdo, la fatiga por los ratos pedaleando y mi mala alimentación.

En la última década del siglo XX, sobre todo en la capital cubana, la bicicleta fue para algunos el más recurrido método de transporte, para otros el único. Unos años después, cuando el país “rebasó” la crisis y con ello el colapso del transporte, la bicicleta fue quedando atrás, oxidándose en algún garaje polvoriento. Hoy La Habana ve flashazos ciclísticos, pues algunos (pocos) se empeñan en retomar su uso para evadir la agobiante rutina de los guaguas y los almendrones, o simplemente para ejercitarse y pasear la ciudad.

Ahora, después de casi 30 años, me volví a subir a una bicicleta. Acomodé el sillín, revisé los frenos y eché a andar nuevamente. Conmigo varias decenas más de gente que todos los primeros domingos de cada mes se lanzan en una nueva aventura que han nombrado Bicicletear La Habana. Un evento espontáneo, organizado por un joven ciclista y difundido a través de las redes sociales. Así se va retomando una casi tradición cubana, una manera olvidada de mirar la ciudad.

Arrancando desde el mismo punto cada mes la caravana de bicicleteros partimos sorteando baches, carros y peatones. La gente olvidó las bicicletas y también el respeto a los que las conducen. A pesar de que La Habana fue en un tiempo “la capital de las bicicletas”, hoy ninguna de sus calles (y creo que tampoco su gente) están preparadas para verlas transitar. No obstante, el recorrido siguió siendo una suerte de experiencia porque la ciudad, a la velocidad que nos movemos en una bicicleta, no es la misma.

OnCuba

Recorrimos Centro Habana, la Plaza de la Revolución, el Bosque de La Habana, la playita de 16 en Miramar, y el Vedado. Confieso que de mi niñez me acordé poco, no tuve tiempo. Montar en bicicleta fue recordar a los que hubiera querido que estuvieran conmigo por estas calles. Mis amigos que no me acompañaron ese domingo porque ahora conducen por otras vías, por otros países. De mi generación quedamos pocos aquí y esos pocos tampoco estuvieron allí. En mi mente, y en mi vista, un país que se cae a pedazos, añorando constantemente el pasado.

Quizás por esa añoranza Cuba parece inmóvil (aunque no creo sea esa la razón, pero sí mi consuelo) porque estamos constantemente ansiando lo que fuimos y no buscando lo que debemos, queremos o necesitamos ser. Quizás por eso dejamos ir a muchos, en vez de abrazarnos a la idea de “cambiar todo lo que debe ser cambiado”, de verdad. Pero quizás eso no esté en nuestras manos, ¿o sí?

En eso pensaba mientras pedaleaba. Mientras el recorrido llegaba a su fin. Entrego “mi” bicicleta alquilada y vuelvo a andar a pies con los mismos pensamientos a cuestas. En esta isla pensamos mucho, pero hacemos poco. Hoy de mi infancia no me queda casi nada. Hoy no juego a la pelota, no ruedo trompos ni me subo a los árboles. Hoy tampoco tengo bicicleta.

 

Un comentario sobre “Bicicletas, una añoranza y… La Habana

  • el enero 16, 2018 a las 11:08 am
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    Asi mismo es, ni bicicleta tienes. A mi mepaso igual, mucho que trabaje yo en cuba, y para que en la asamblea de trabajadores me seleccionaran como destacado y lo unico que me dieron fue una bicicleta como “estimulo”, al final no habia ni donde comprar piezas y ni darle mantenimiento, como todo lo de la revolucion, que lo hace todo a medias… Imaginate mi frustacion cuando sali de cuba y vi que cualquiera puede tener una bicicleta de 10 o 20 dol de segunda mano por lo mismo que cuesta una plato de comida.

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