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Cuba abre la puerta a franquicias extranjeras

El gobierno cubano dio un paso que hace cinco años habría sonado improbable. Dentro del paquete de 176 medidas económicas presentado en la Asamblea Nacional el 18 de junio, el primer ministro Manuel Marrero Cruz anunció que se permitirá la entrada de franquicias extranjeras de alimentos ligeros y la creación de cadenas privadas nacionales de restaurantes, cafeterías y hamburgueserías.

La pregunta que siguió al anuncio fue la misma en redes sociales, grupos de WhatsApp y conversaciones de familia: ¿quiere decir eso que McDonald’s podría abrir en Cuba?

La respuesta es más complicada de lo que parece.

Qué dijo exactamente el gobierno cubano sobre las nuevas franquicias extranjeras

Marrero fue claro en los alcances del anuncio. El objetivo es permitir que actores privados, nacionales o extranjeros, desarrollen redes gastronómicas con presencia en todo el país. Eso incluye la posibilidad de que franquicias internacionales de alimentos ligeros inviertan en la Isla y expandan sus operaciones en territorio cubano.

Es un giro notable. Hasta ahora, el marco legal cubano no contemplaba ese tipo de modelo de negocio. Las mipymes y los restaurantes privados podían operar, pero sin posibilidad real de convertirse en cadenas nacionales. Cada local era, en esencia, una isla dentro de la isla.

Lo que cambia con este anuncio es el principio. Por primera vez, el gobierno dice en voz alta que ese modelo es bienvenido. Que una marca puede entrar, crecer y expandirse. Que una red de hamburgueserías privadas puede existir en varias provincias al mismo tiempo.

Lo que no ha pasado todavía

Hasta la fecha de publicación de este artículo, ninguna empresa internacional ha anunciado planes concretos de entrada en Cuba. McDonald’s, Starbucks, KFC, Burger King, Domino’s y otras cadenas reconocidas no han emitido comunicados sobre interés en el mercado cubano.

Eso no es una señal de desinterés necesariamente. Es una señal de prudencia. Las empresas multinacionales evalúan mercados con criterios muy específicos: estabilidad jurídica, capacidad adquisitiva de los consumidores, posibilidad de repatriar beneficios, acceso a divisas, infraestructura logística y, en el caso de Cuba, el peso de las sanciones comerciales de Estados Unidos que siguen vigentes.

En ese último punto está uno de los obstáculos más concretos. Las empresas estadounidenses tienen prohibido operar en Cuba bajo la legislación actual. McDonald’s, Starbucks, Burger King y Domino’s son marcas de origen estadounidense. Sin un cambio en la política de sanciones de Washington, ninguna de ellas podría establecerse en la Isla, independientemente de lo que autorice La Habana.

Las marcas europeas, latinoamericanas o asiáticas no tienen ese impedimento directo. Pero también miden el riesgo antes de comprometerse.

Por qué esto no es solo un tema de comida rápida

El anuncio sobre franquicias extranjeras Cuba tiene un alcance que va más allá de los menús y los locales comerciales. Representa una señal de que el gobierno está dispuesto a ceder en un espacio que históricamente ha controlado con mucho celo: el sector gastronómico y de servicios al consumidor.

Durante décadas, los cubanos de la Isla han visto esas marcas en películas, en las visitas de familiares del exterior, en los productos que llegaban en maletas. Para muchos, una hamburguesa de McDonald’s era casi un símbolo de lo que existía al otro lado del mundo y no podían tener.

Si algún día esas marcas llegaran, no sería solo un negocio. Sería también un cambio cultural visible, cotidiano y concreto. Una señal de que algo ha cambiado en la relación entre el Estado cubano y el mercado. Pero ese día todavía no tiene fecha.

Los obstáculos reales que quedan por resolver

Para que una franquicia extranjera opere en Cuba se necesita más que una declaración oficial. Hacen falta contratos claros, protección jurídica efectiva, acceso a divisas para repatriar ganancias, proveedores confiables, cadenas de suministro estables y consumidores con poder adquisitivo suficiente para sostener el negocio.

Ninguno de esos elementos está completamente resuelto hoy. Cuba atraviesa una crisis económica profunda. El poder adquisitivo de la mayoría de los cubanos sigue siendo limitado. El suministro de insumos básicos es irregular. Y el sistema financiero acaba de anunciar reformas que todavía no tienen reglamento.

El anuncio de Marrero abre una puerta que estaba cerrada. Pero una puerta abierta no es lo mismo que un negocio instalado.

Qué sí está pasando ya en Cuba

Lo que no hay que perder de vista es que el sector gastronómico privado cubano lleva años creciendo de forma visible. Los paladares, los restaurantes privados y los servicios de catering han ganado terreno en las ciudades más grandes, especialmente en La Habana.

Algunos negocios privados han adoptado nombres, estéticas y conceptos similares a marcas conocidas, sin ser franquicias reales. Han surgido hamburgueserías, cafeterías de especialidad y locales de comida rápida que funcionan bajo modelos de gestión privada y que han encontrado clientela.

La reforma anuncia que ese fenómeno podría formalizarse y escalar. Que lo que era informal y limitado podría convertirse en cadenas nacionales con nombre, normas y presencia territorial.

Ese es el cambio real y concreto que el anuncio pone sobre la mesa. Las grandes marcas internacionales son, por ahora, una posibilidad futura. Las cadenas privadas cubanas podrían ser una realidad mucho más próxima.

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