Recordamos el natalicio del actor cubano Mario Balmaseda
El natalicio del actor cubano Mario Balmaseda, cada 19 de enero, es una fecha que invita a mirar más allá de sus personajes.
Mario Balmaseda no solo actuó. Vivió el arte como una forma de existir, con disciplina, sensibilidad y una conexión directa con su pueblo.
Índice de contenido
Primeros años y despertar artístico
Mario Balmaseda nació en La Habana en 1941 y creció en el barrio de Carraguao, en el Cerro. Su infancia estuvo marcada por el contacto temprano con el mundo artístico gracias a su madre, quien trabajaba como declamadora en un circo.
Al recordar ese período, explicó cómo esa experiencia influyó en su vida: «Mi madre trabajaba como declamadora en el circo Santo y Artiga. Me llevó con ella cuando yo tenía como tres años. Hoy, con 92 años, todavía declama fantásticamente bien. Y no sé si eso, de alguna manera, me tocó».
Con el paso de los años, su interés por la cultura se fue fortaleciendo. Tras el triunfo de la Revolución, comenzó a frecuentar la Biblioteca Nacional, donde conoció a jóvenes con inquietudes artísticas.
Fue allí donde el dramaturgo Eugenio Hernández Espinosa lo animó a confiar en su talento: «Él leyó un poema mío que se llamaba Mi ciudad. Y me dijo: “Chico, ¿por qué te vas? Si tú puedes ser un buen escritor, puedes ser alguien”».
Ese consejo fue decisivo. Balmaseda decidió quedarse en Cuba y apostar por una vida dedicada al arte.
Formación y compromiso con el teatro
El natalicio del actor cubano Mario Balmaseda también recuerda sus años de formación intensa en el Teatro Nacional y su participación en brigadas culturales que llevaban arte a zonas rurales y de conflicto.
Sobre esas experiencias, explicó: «Estuvimos en la lucha contra los bandidos en el Escambray, haciendo teatro con las tropas, incluso para los bandidos presos».
Su aprendizaje no fue solo académico. Fue práctico, constante y desde las bases del trabajo teatral.
Para describir su esfuerzo diario, contó: «Pasé por todas las experiencias. Estuve mucho tiempo en el Teatro Nacional. Barría el escenario, hacía lo que se me pegara, pero con tal de ver los ensayos, de colarme… como se dice».
Más adelante, obtuvo una beca para estudiar en Berlín durante tres años, aunque su identidad artística siempre estuvo vinculada a Cuba.
Mario Balmaseda en cine, televisión y teatro
Recordar el natalicio del actor cubano Mario Balmaseda es repasar una carrera marcada por la versatilidad. En televisión, su papel de Reinier en En silencio ha tenido que ser lo convirtió en un rostro familiar para millones de cubanos.
Al explicar por qué ese personaje conectó tanto con el público, señaló: «Reinier es un hombre cubano como yo: mulato como yo, conversador como yo… El público, cuando se agarra con un personaje, lo idealiza, lo convierte en un ícono. Ninguno como Reinier».
También interpretó figuras históricas y personajes populares que dejaron huella.
Sobre la preferencia del público, comentó: «A la gente le gusta Maceo, le gusta Lenin, le gusta mi socio Manolo, pero Reinier… Reinier es otra cosa».
A pesar de su éxito en cine y televisión, el teatro siguió siendo su espacio más íntimo.
Al describir su vínculo con el escenario, explicó: «El teatro es una magia que no tiene comparación con nada. Lo primero que siento al entrar es el olor. Los teatros tienen un olor peculiar… no sé si todos lo sienten, pero yo sí».
El hombre
Más allá de la fama, el natalicio del actor cubano Mario Balmaseda nos recuerda a un hombre sencillo, sin pretensiones, profundamente conectado con la vida cotidiana.
Cuando hablaba de su posición como artista, lo hacía con humildad: «Yo no me veo a ninguna altura, porque yo soy el pueblo. Estoy metido en esta candela igual que todo el mundo. Estamos juntos resolviendo, echando pa’lante».
Su apariencia seria era, en realidad, una forma de protegerse emocionalmente.
Al reflexionar sobre su carácter, confesó: «Esa seriedad aparente no es más que una forma de protegerme, de que no me hieran. Hasta yo mismo me caía pesado».
También reconocía que la popularidad hacía difícil separar su vida personal de sus personajes.
Sobre esa experiencia, explicó: «El público te hace vivir constantemente un personaje en la calle. Tal vez se te queda poco tiempo para ser tú mismo».
La adicción a los Aplausos
Para Balmaseda, el teatro no era solo trabajo. Era una necesidad emocional.
Al describir su relación con los aplausos, fue muy claro: «Yo tengo adicción a los aplausos. No puedo vivir sin eso. Ese momento en que tú terminas la obra… y aquel teatro se pone bien, empiezan a aplaudir… eso no tiene nombre».
Ese instante final, cuando el telón baja y el público responde, era para él una recompensa incomparable.
Un hombre de ideas
El natalicio del actor cubano Mario Balmaseda también permite recordar su pensamiento crítico y su compromiso con el diálogo.
Al hablar sobre la importancia de reflexionar, expresó: «Soy un empecinado de las ideas. Creo que pensando mucho, la gente se entiende. Y creo que es momento de pensar».
Además, defendía la honestidad personal frente a las apariencias.
Sobre la modestia, afirmó: «Creo que la falsa modestia es tan grave, o peor, que no asumir la modestia cuando uno realmente es modesto».
Para Mario Balmaseda, la cubanía no era una teoría. Era una vivencia diaria.
Cuando reflexionaba sobre lo cubano, lo explicaba así: «La cubanía está en la calle. Lo cubano nos rodea constantemente. Y sin darnos cuenta, lo cubano está en nosotros. Somos nosotros».
Incluso lejos de la isla, su conexión emocional con Cuba seguía intacta.
Al hablar de la nostalgia, confesó: «Estoy en el extranjero y vivo añorando el malecón. Ver la bandera y que se me salgan las lágrimas… eso es muy mío».
Y reconocía que la historia de lucha formaba parte del carácter nacional.
Sobre ese aspecto, dijo: «Nos hemos acostumbrado a vivir en combate, en batalla, en lucha diaria. Y eso también es parte de la cubanía».
Un legado que no se apaga
Aunque Mario Balmaseda falleció el 8 de octubre de 2022, su legado permanece vivo. El natalicio del actor cubano Mario Balmaseda permite recordar a un artista que dejó huella en la cultura cubana.
Un colega resumió su trayectoria de esta manera: «Muy bien. Lenin, Maceo, Eduardo, Manolo, Reinier… encarnó lo mejor de una gran tradición cultural. Ha muerto un referente imprescindible, un artista querido por su pueblo».
Y el propio Balmaseda, con orgullo sencillo, definió su identidad: «Ese chamaco del barrio… la cubanía soy yo. Me siento muy cubano».
Celebrar el natalicio del actor cubano Mario Balmaseda es rendir tributo a un hombre que vivió el arte con coherencia, entrega y honestidad. Fue actor, dramaturgo, director y, sobre todo, un cubano auténtico.
Su voz sigue presente.
Sus personajes siguen vivos.
Y su legado continúa inspirando.
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