CUBANOS

La noche en que Santa Bárbara se le apareció a Celina González

En 1948, Celina González no era una mujer religiosa. Lo dijo ella misma en múltiples entrevistas a lo largo de su vida: no dominaba los toques, no conocía los ritos. Practicaba la música campesina, cantaba punto cubano, formaba junto a su compañero Reutilio Domínguez un dueto que empezaba a llamar la atención en la radio cubana. Pero la santería no era su mundo.

Una noche de 1948 esto cambiaría para siempre.

Celina contó que Santa Bárbara se le apareció. La virgen católica que en Cuba se sincretiza con Shangó, el orisha guerrero del panteón yoruba, le hizo una promesa: si le dedicaba un canto de alabanza, vendría el gran éxito. Celina, que años después reconocería ante la periodista Mayra Martínez para el libro Cubanos en la música que no se sentía preparada para ese mundo, aceptó el mandato de la aparición y compuso A Santa Bárbara.

La canción a Shangó que nadie había hecho antes

Lo que Celina y Reutilio grabaron no era simplemente una canción religiosa ni simplemente música guajira. Era las dos cosas al mismo tiempo, fundidas de una manera que nadie había intentado antes con ese resultado. El estribillo «Que viva Changó, señores» mezclaba la devoción afrocubana con el ritmo campesino de la Isla en una fórmula que sonaba natural, inevitable, como si siempre hubiera debido existir.

Medios oficialistas como Cubadebate lo documentaron con claridad en una entrevista a la propia Celina: ese tema fue el primero que vinculó la música guajira con temas de origen yoruba. No era una fusión experimental ni un gesto vanguardista. Era una canción nacida de una experiencia personal que Celina describió como una revelación y que el público recibió como si reconociera algo que llevaba tiempo esperando escuchar.

El día que la interpretaron por primera vez en la radio, el éxito fue tal que el contrato del dueto se extendió de inmediato por un año.

La mujer que no dominaba los ritos

Uno de los elementos más llamativos de esta historia es la distancia que la propia Celina establecía entre ella y la religión afrocubana que inspiró la canción. Varios textos de la prensa oficial cubana afirmaron que había practicado la Regla de Osha desde su infancia. Ella lo desmintió consistentemente. La aparición, según su propio relato, fue el punto de partida, no la consecuencia de una devoción previa.

Esa ambigüedad no debilitó la canción. Al contrario, la hizo más honesta. A Santa Bárbara no sonaba a catecismo religioso sino a experiencia genuina de alguien que no sabía exactamente lo que le había pasado pero que lo convirtió en música de la única manera que conocía: con su voz y el tres de Reutilio.

Lo que dejó esa noche en Celina González

La canción sobrevivió al dueto, que se separó en 1964 y a Reutilio, que murió en 1972. Incluso, a los períodos en que las grabaciones de Celina dejaron de sonar en la radio cubana. Y sobrevivió a la propia Celina, que falleció el 4 de febrero de 2015 en La Habana.

Cada 4 de diciembre, cuando los creyentes de la religión afrocubana honran a Shangó, la canción vuelve a sonar. En Cuba, el Instituto Cubano de la Música la reconoció como una de las voces más importantes de la música folclórica de la Isla.

Todo eso empezó una noche de 1948 en que una mujer que no dominaba los ritos decidió hacerle caso a una aparición y escribir una canción.

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