VIVIR EN ESTADOS UNIDOS

La Tía Mercy: la cubana que descifró códigos y llegó a teniente coronel del Ejército de EE.UU.

Mercedes Cubría fue la primera cubana que se desempeñó como oficial en el ejército Estados Unidos.

Nació en Guantánamo el 15 de abril de 1903. Perdió a su madre cuando tenía tres años. Llegó a Estados Unidos siendo una niña. Y sin estudios militares formales ni conexiones en los altos mandos, terminó descifrado códigos en la Segunda Guerra Mundial, sirviendo como analista durante la Guerra de Corea, siendo convocada de urgencia durante la Crisis de los Misiles de Cuba y retirándose en 1973 con el rango de teniente coronel.

La llamaban La Tía Mercy. Y el apodo lo dice casi todo.

Una infancia marcada por la pérdida y la migración

Mercedes Olimpia Cubría creció en Guantánamo en una familia que pronto quedó incompleta. A los tres años, la muerte de su madre la dejó al cuidado de su padre junto a sus dos hermanas. A los trece, la familia tomó la decisión de emigrar a Estados Unidos.

No hay registros precisos sobre cuál fue la ciudad a la que llegaron ni cómo transcurrieron los primeros años. Lo que sí está documentado es que en 1924 Mercedes obtuvo la ciudadanía estadounidense y se tituló como enfermera certificada. Durante los años siguientes trabajó como intérprete, enfermera y ranchera. No era una vida lineal. Era la vida de alguien que aprovechaba lo que encontraba y seguía avanzando.

El Cuerpo de Mujeres del Ejército y la Segunda Guerra Mundial

El 3 de julio de 1943, el Congreso de Estados Unidos aprobó la ley que estableció el Women’s Army Corps como parte integral del Ejército. Fue una decisión motivada por las necesidades de la guerra. El país necesitaba personal cualificado y las mujeres, hasta entonces relegadas a roles auxiliares, pasaron a tener estatus militar pleno.

Mercedes Cubría se unió ese mismo año. Obtuvo su comisión como segunda teniente y viajó hasta Oxford, en Inglaterra, para recibir formación en criptografía. Regresó convertida en oficial de códigos y cifras, una especialidad que en tiempo de guerra tenía implicaciones directas sobre la vida de miles de soldados. Sirvió en la 385ª Compañía de Señales y más tarde en la 322ª Compañía de Señales hasta el final del conflicto.

Su trabajo no era solo técnico. Supervisó a decenas de hombres y mujeres en su sala de códigos. Estableció nuevas salas de operaciones. Facilitó la retirada y recodificación de información comprometida. Y tomó decisiones sobre los requisitos de equipamiento para la codificación en condiciones de alta presión operativa.

De la guerra al Caribe y el Canal de Panamá

Terminada la Segunda Guerra Mundial, Cubría ascendió a capitán y fue destinada a la División de Inteligencia Estratégica del Ejército en el Caribe. En esa asignación se convirtió en la primera mujer en servir en servicio activo en la Zona del Canal de Panamá, otro hito que la historia tardó décadas en reconocer formalmente.

Cuando Estados Unidos entró en la Guerra de Corea, Cubría fue ascendida a mayor y desplegada en Japón, donde sirvió como analista en la División de Inteligencia del Comando del Lejano Oriente. En 1953 recibió la baja médica del Ejército y fue galardonada con la Medalla de Bronce. No es un punto final. Es un paréntesis.

La Crisis de los Misiles y el regreso con uniforme

En octubre de 1962, el mundo contuvo la respiración mientras Estados Unidos y la Unión Soviética se enfrentaban durante trece días sobre la presencia de misiles soviéticos en Cuba. La Crisis de los Misiles de Cuba fue el momento más cercano a una guerra nuclear que ha vivido la humanidad desde 1945.

Para el Ejército de Estados Unidos, la crisis generó una necesidad inmediata y muy específica: procesar información de inteligencia sobre Cuba y sobre los miles de refugiados que habían salido de la isla en los años anteriores. Mercedes Cubría fue convocada de vuelta al servicio activo para ese trabajo.

Lo que comenzó como una respuesta de emergencia a una crisis se convirtió en once años de servicio continuado. Cubría fue asignada al 902º Grupo de Inteligencia Militar. Su misión era entrevistar a miles de refugiados cubanos y elaborar informes diarios para la inteligencia militar. Pero ella entendía que su trabajo tenía una dimensión más amplia que la recopilación de datos.

Ayudó a conseguir empleo, vivienda, escolarización y acceso a servicios sociales a quienes llegaban. Trabajó en coordinación con unidades del Ejército y la CIA. Para la comunidad del exilio cubano, era algo más que una oficial militar. Era un punto de apoyo en la primera etapa de una vida nueva en un país desconocido. Por eso la llamaban La Tía Mercy.

La Legión al Mérito y el retiro a los setenta años

El trabajo con los refugiados cubanos le valió la Legión al Mérito, una de las condecoraciones más altas del Ejército de Estados Unidos. Junto con la Medalla de Bronce recibida en 1953, conforman el reconocimiento formal a una carrera que abarcó tres conflictos distintos y tres décadas de servicio activo e interrumpido.

En 1972, Mercedes Cubría alcanzó el rango de teniente coronel. Un año después, en 1973, se retiró a los setenta años. Antes de abandonar el servicio recibió una segunda Legión al Mérito, completando así un palmarés que muy pocos oficiales, hombres o mujeres, podían igualar en el contexto de aquella época.

Murió en Miami el 14 de octubre de 1980, a los 77 años.

El reconocimiento que llegó después de la muerte

En 1988, ocho años después de su fallecimiento, Mercedes Olimpia Cubría fue incorporada póstumamente al Military Intelligence Hall of Fame, el salón de la fama de la inteligencia militar del Ejército de Estados Unidos. La institución fue creada ese mismo año y su nombre figura entre los primeros inductados, junto a figuras de la historia militar estadounidense de mayor reconocimiento público.

Ese acto de reconocimiento tardío es también una radiografía del lugar que ocupan los nombres femeninos y latinos en los libros de historia militar. La trayectoria de Cubría, que abarca la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Corea, la Crisis de los Misiles y once años de trabajo de inteligencia con la comunidad cubana exiliada, es objetivamente extraordinaria. Y, sin embargo, la mayoría de los cubanos nunca ha escuchado su nombre.

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