El zoológico de piedra de Guantánamo: el único en el mundo que nació del ingenio de un campesino cubano
El zoológico de piedra Guantánamo Cuba es hoy el único en su tipo en el mundo. Y nació de una idea tan simple que resulta casi imposible no admirarla.
En las montañas del municipio de Yateras, en el extremo oriental de Cuba, hay elefantes, leones, anacondas y cocodrilos. Ninguno está vivo. Todos fueron tallados en piedra caliza por las manos de un hombre que nunca estudió arte y que un día decidió que quería que su comunidad pudiera ver animales que de otra forma nunca vería.
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Un hombre, una finca y una visión
Ángel Íñigo Blanco de Anaya nació en 1935 en el seno de una familia campesina de la provincia de Guantánamo. No tuvo formación académica en artes plásticas. Desde pequeño se inclinó por la escultura, comenzando con figuras de pequeño formato en cera y barro. Eran experimentos de alguien que encontraba en las manos una forma de expresar lo que la escuela no le enseñó a nombrar.
Un día, en la finca San Lorenzo, perteneciente a la familia Castellano, observó algo que cambiaría el rumbo de su vida. El terreno estaba cubierto de piedra caliza en abundancia. Ese material, que para otros era simplemente la piedra del suelo, para Íñigo Blanco era una posibilidad.
Se le ocurrió entonces una idea que él mismo describía con sencillez: esculpir animales del mundo en ese material, en tamaño natural, ubicados en el entorno que les correspondería según su hábitat. No en jaulas. No con cercas. Integrados en el paisaje como si el monte los hubiera producido.
Nadie le encargó el proyecto. Nadie lo financió. Nadie lo reconoció al principio. Sus vecinos lo llamaban loco. Él siguió tallando.
El primer animal y el inicio de algo sin precedente
El 21 de diciembre de 1977 es la fecha que se toma como referencia para el inicio del zoológico. Ese día, Ángel Íñigo Blanco terminó la primera figura: un león sonriente esculpido en piedra caliza. Fue el punto de partida de una obra que no tendría un final definido.
El zoológico nunca fue fundado oficialmente. No hubo un decreto, ni una institución que lo creara, ni una fecha de apertura anunciada en un periódico. Simplemente fue apareciendo, figura por figura, en las colinas de la finca San Lorenzo, mientras el artista seguía trabajando.
El 26 de junio de 1985, el Estado cubano lo declaró Patrimonio de la Cultura Nacional. Ese reconocimiento llegó porque la obra ya era imposible de ignorar. El campesino que tallaba piedras en el monte había creado algo que no existía en ningún otro lugar del mundo.
Lo que hay dentro del zoológico de piedra Guantánamo
El zoológico de piedra Guantánamo se extiende sobre dos caballerías de terreno a 750 metros sobre el nivel del mar. El paisaje que rodea a las esculturas no es artificial. La finca San Lorenzo está cubierta de árboles frutales, cafetos, cedros, mangos, aguacates y guanábanas. Las esculturas de piedra conviven con esa vegetación natural, lo que crea la sensación de que los animales forman parte del monte.
Las figuras son de tamaño natural o mayor. Hay elefantes de proporciones monumentales. Hay una gigantesca serpiente en plena batalla contra un toro. Hay un simio de dimensiones descomunales delante de su gruta. Hay leones atacando a un búfalo. Hay cocodrilos, tortugas, anacondas y docenas de especies más, distribuidas por el terreno siguiendo la lógica de sus hábitats de origen, como si Íñigo Blanco hubiera querido construir un libro de zoología que se recorriera a pie.
Hoy el zoológico tiene más de 400 figuras. Algunas de las más recientes fueron talladas por el hijo del artista, que aprendió el oficio de su padre y continúa la obra después de su muerte.
El hombre detrás de las piedras del zoológico de Guantánamo
Ángel Íñigo Blanco talló durante décadas sin detenerse. No usó herramientas eléctricas. No tuvo asistentes, al menos en los primeros años. Solo el cincel, el mazo y la piedra. El proceso de cada figura podía durar meses, dependiendo del tamaño y la complejidad del animal que quería representar.
Su motivación tenía una raíz concreta. La comunidad de Yateras es rural, alejada de las ciudades, sin acceso fácil a museos ni zoológicos convencionales. Íñigo Blanco quería que los niños de su comunidad pudieran ver cómo era un elefante, un cocodrilo o un rinoceronte en su tamaño real. Que la geografía no fuera un límite para la imaginación.
Ese propósito social es lo que hace al zoológico de piedra Guantánamo Cuba distinto de cualquier obra de arte convencional. No fue concebido como un monumento al artista. Fue concebido como un regalo a los que vivían cerca.
Ángel Íñigo Blanco murió en 2014, a los 79 años. Dejó detrás algo que ningún otro ser humano había creado en ningún otro lugar del mundo.
Visitar el zoológico de piedra: lo que hay que saber
Llegar al zoológico de piedra no es sencillo. El lugar está ubicado en la finca San Lorenzo, en el municipio de Yateras, a unos 24 kilómetros de la ciudad de Guantánamo. El acceso al interior del zoológico implica subir más de 300 escalones tallados en la propia piedra del monte. El descenso utiliza una ruta distinta con unos 245 escalones. El recorrido completo puede durar entre una y dos horas dependiendo del ritmo del visitante.
La dificultad del acceso no disuade al público. El lugar recibe cada año a miles de visitantes nacionales y extranjeros. El entorno natural, la escala de las figuras y la historia detrás de cada escultura convierten la visita en una experiencia que no tiene equivalente en ningún otro destino turístico cubano.
El zoológico forma parte hoy de la oferta cultural del municipio de Yateras. Los planes de desarrollo de la institución contemplan la construcción de un mirador en la parte alta del sendero y la posibilidad de incorporar turismo ecuestre, entre otras mejoras orientadas al autofinanciamiento.
Un Patrimonio que convive con el tiempo
El reconocimiento internacional al zoológico de piedra Guantánamo llega de forma constante, pero discreta. No está en los circuitos turísticos más comerciales del país. No aparece en todos los folletos. Pero quien lo visita suele volver a hablar de él con la misma sorpresa con que descubrió que existía.
Hay una paradoja en su historia. El hombre que lo creó era considerado loco por sus vecinos. El lugar que construyó es hoy Patrimonio Cultural de la nación. Las figuras que talló a mano, sin formación académica, sin recursos institucionales y sin reconocimiento durante años, son únicas en el mundo. No hay otro lugar en el planeta donde alguien haya hecho algo igual.
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